Quo vadis Europa

Quo vadis Europa (¿Adónde vas Europa?) Últimamente me hago esta pregunta y sinceramente, no encuentro respuesta. Ni solución.

A lo largo de mi vida siempre he creído que la solución a todos nuestros “problemas” tenía que venir de Europa. Siempre había pensado en el Proyecto Integrador Europeo como una especie de utopía en la cual todos los habitantes de Europa vivirían en paz, prosperidad y armonía. Quizás a modo de embrión de una entidad mucho mayor que agrupará a todos los pueblos del mundo en un proyecto común a escala planetaria, que tal vez, nos salvará de nuestra locura autodestructiva.

Pero como ya han leído, era simplemente una utopía. Sinceramente, no reconozco esta Europa. Es como si nos hubieran vendido una cosa y nos hubieran entregado otra cosa diferente. En esta Europa, en la cual estamos habitando, prima el gran capital por encima de las personas. Para los grandes poderes que nos “gobiernan” hemos pasado de ser ciudadanos a clientes. Los grandes grupos de poder presionan a nuestros “representantes” para que legislen en favor de lo que es mejor para Europa. Aunque realmente es lo mejor para ellos y lo peor para los ciudadanos de Europa.

Siempre me había considerado ciudadano europeo. Siempre había creído en el Proyecto Integrador de Europa. Algo tan novedoso como totalmente experimental. Pero para mi desgracia, y creo que de la gran mayoría de los ciudadanos europeos, este experimento está a punto de fracasar si no lo remedia alguien o algunos (sino ha fracasado ya). Pero tengamos cuidado de no caer en manos de “caudillos” que nos lleven por tenebrosos senderos…

Europa, que gran concepto. Que gran idea. Que gran esperanza. Que gran desilusión.

Nuestros “representantes” sólo saben pelearse por mantener sus prebendas y privilegios. Mientras nosotros nos hundimos en nuestra propia ceguera y culpamos al vecino de nuestros males, de nuestras corruptelas, de nuestro mirar hacia el otro lado, de nuestro aplaudir hacia el corrupto y un largo etcétera.

No. La culpa no sólo es de nuestros “representantes”, ni de los grandes poderes. También es culpa nuestra. Hemos dejado que la idea de Europa se corrompa. Peor, al igual que si fuéramos bacterias hemos corrompido la idea de Europa.

Ciudadanos de Grecia, Portugal, Chipre, España, Francia, Alemania, en definitiva de Europa, pues todos son europeos (por mucho que nos emperremos en querer creer que no son Europa) están pasando penalidades tales como hambre, frío, desmantelamiento de sus sistemas sanitarios y educativos, estrangulamiento socio-económico para varias generaciones, “corralitos” de los pequeños ahorradores y una larga lista de castigos. Todo por el bien de la economía, el sistema bancario, la maldita deuda y demás estupideces que no entiendo y la verdad, me niego a entender.

El capital por encima del ser humano. ¿En qué momento la Europa humanista se ha transformado en la Europa Hipercapitalista? ¿En qué momento pasó a primar más el capital que las personas? Sinceramente, no lo sé. Y no lo entiendo.

Aún así, todavía hay motivos para la esperanza. La cual viene de los acciones diarias de aquellas personas que de forma altruista, luchan e intentan sacar lo mejor de las personas . Estas personas altruistas luchan contra los abusos de los grandes “poderes” en batallas dignas de David contra Goliath. Obteniendo pequeñas-grandes victorias que nos ayudan a sobrellevar esta travesía por el desierto. Combatiendo fantasmas del pasado que ya creíamos más que enterrados y exorcizados. Pero que como fantasmas que son, se empeñan en provocarnos terror una y otra vez. Aprovechando esta caída en el miedo.

Y también tenemos el ejemplo de pequeños países, habitados por grandes personas. Estas han tenido la temeridad, el valor y el arrojo de no hacer caso a los falsos profetas de los grandes poderes. Y han dado la vuelta a la sartén. Reconstruyendo su democracia, su forma de ser, luchando por lo que creen justo. Estoy hablando de Islandia. Menos de 400000 personas, ciudadanos, han conseguido poner contra las cuerdas a los grandes poderes, de enjuiciar a sus “profetas”, ¿por qué no lo pueden hacer los más de 400 millones de ciudadanos de Europa?

Quizás esa sea la semilla que necesitamos para salvar Europa. O mejor dicho, quizás esa es la semilla de la Europa que nos merecemos…

Tal vez… Quizás aún haya esperanza.

Autor: PiensayReEvoluciona, Ensayo

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